
Esta noche he tenido un sueño raro que no recuerdo muy bien; de todas formas, lo que sí recuerdo es que había un topo.
Entendedme, no era un topo-topo, no sólo porque era soñado sino también porque... sólo yo sabía que era un topo. Era amorfo y peludo, pero a la vez era entrañable como un peluche, y además era un topo.
Suena extraño, pero lo era, no cabe duda.
Entonces me he levantado esta mañana y me he dado cuenta de que nunca he visto un topo. Claro que he visto fotos, he visto dibujos, he visto vídeos, incluso he visto huellas, pero nunca he visto uno en el plano de la realidad vital. Y después, como tenía tiempo, aún he pensado: ¿y si no existen los topos? ¿y si es todo una gran mentira mundial, como Papá Noel? Damos por sentado que existen porque nos lo dice mucha gente, alguna importante, y como somos gente de buena fe y, además, para qué engañarnos, los topos nos dan un poco igual, simplemente les creemos. Incluso a los niños, nosotros que no hemos visto ninguno, les confirmamos que existen (¿cómo no van a existir?).
Pero... ¿cuántos de nosotros hemos visto un topo? Cuántos humanos deben existir ahora mismo en la Tierra que hayan visto un topo?
De este tema tan y tan controvertido, lo que consuela un poco mi alma es la certeza de que puedo pedir explicaciones: puedo ir a algún lugar, no se cuál, y exigir que se me enseñe un topo. Entonces me dirán: mira, aquí está, y yo me podré ir a mi casa y soñar topos normales.
Vale. Los topos, vale.
¿Y el arte, es como los topos? ¿Alguien ha visto alguna vez, en el plano vital, el arte, como una Virgen aparecida con su halo y todo? ¿Es capaz alguien de definir su silueta, su contorno, los límites que lo dibujan?
¿En un sueño... cómo podría estar segura de figurármelo correctamente? ¿Y en despertar?
Y, como aún tengo tiempo, me pregunto: ¿Y si no existe? ¿Y si es una gran mentira mundial, como Papá Noel? Simplemente creemos. Creemos en una palabra que desglosada no significa nada. A dónde vamos a pedir explicaciones, quién de los autoproclamados artistas nos va a dar una solución. Alguno nos dirá: es la sublime belleza, el éxtasis, el orgasmo del alma. Otro nos dirá: es una actitud vital, una filosofía antropológica. Otro, abrumado, lo sacralizará diciendo que está desde siempre (estar, que no es ser). Otro nos dirá: no es nada.
Y los demás vamos haciendo, algunos queriendo llegar a alguna parte, otros creyendo estar en alguna parte, y aún otros riéndose. Y una palabra inútil, infértil, parece que no lo es tanto porque engendra muchas otra: elitismo sensible, intelectual, clasismo, negocio, ignorancia. Todas inscritas dentro de la gran familia del capitalismo, de la que sólo escapan los topos.
En fin, ¿habrá topos en el zoo?