¿Qué más dará?
Yo creo que es cierto, indudablemente cierto. Algo como se le presentaba a aquél hombre meditabundo frente su hoguera con algún que otro traguillo de ron. Algo así, parecido.
Y qué más dará si no es cierto. ¿Qué lo es? Bla, bla, bla, pasarían horas.
Déjame que me aferre a ese tablón, aunque se lo lleve la corriente.
Se nos lleva a todos, al fin y al cabo. Al fin, y al cabo.
Esa comodidad atribuída al pobre Epicuro, que por contra se afanaba en cultivar su huerto y a sus discípulos. Esa, esa comodidad jactanciosa de los zapatos ergonómicos.
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